Esta noche ante Portugal, Rangel arranca de titular. Y aunque duela decirlo, es la única decisión que tiene sentido. Memo tuvo su era. Terminó.
Seamos directos, porque al fútbol mexicano le sobran eufemismos y le faltan verdades incómodas: Guillermo Ochoa no debería estar en la lista del Mundial 2026. Y si está, no debería ser el portero titular. Y si alguien en la Federación o en el cuerpo técnico del 'Vasco' Aguirre está dudando entre la razón y la sentimentalidad, que esta noche frente a Portugal le sirva de respuesta definitiva.
Rangel arranca en el arco. Bien. Por fin.
Porque si hay algo que el fútbol mexicano ha perfeccionado con los años es el arte de cargar con sus leyendas más allá de lo que la lógica permite. Cuauhtémoc Morales, Pavel Pardo, el mismo Rafa Márquez — todos tuvieron ese último Mundial de más en el que la camiseta pesó más que las piernas. Y ahora le toca a Memo. Salvo que esta vez hay algo diferente: el Mundial se juega en casa. En México. Y eso no es contexto — es presión máxima, responsabilidad absoluta, cero margen de error.
¿Y en ese escenario queremos apostar por un portero que lleva meses sin ser titular indiscutible en su club? ¿En serio?
Ochoa regresó a la actividad nacional luego de un largo periodo de ausencia ESPN, y eso ya lo dice todo. No venía de una racha brillante. No venía de atajar en Champions League ni de ganar un título con su equipo. Vino convocado porque su apellido todavía mueve masas, porque la afición lo quiere, y porque hay una narrativa romántica instalada en los medios que parece más importante que el rendimiento deportivo.
Pero los romanticismos no atajan penaltis. Y Portugal llega con un tridente de Gonçalo Ramos, João Félix y Pedro Neto dispuesto a explotar cualquier espacio que deje la defensa mexicana 365Scores. Ese tridente no va a pausar el partido para esperar que Ochoa recuerde cómo se jugaba a este nivel. Va a disparar. Va a presionar. Va a medir los reflejos, la salida, el dominio del área. Y si Memo entra esta noche y algo falla, nadie va a hablar de la "magia de siempre" — van a hablar del portero que ya no era para esto.
Hay una crueldad silenciosa en seguir convocando a un jugador que ya no puede rendir al nivel que se le exige. No es un favor — es una trampa. Le pones el chaleco de la selección, lo expones ante Portugal, ante las cámaras, ante el Banorte repleto, y si falla, la narrativa lo destruye. Si no falla, la gente exige que juegue el Mundial. De cualquier manera, el equipo pierde.
El 'Vasco' Aguirre dijo que este partido ante Portugal "será el mejor ensayo para el 11 de junio" Vanguardia MX, el día que México abre el Mundial ante Sudáfrica en este mismo estadio. Entonces la pregunta se sola: si es el mejor ensayo, ¿por qué habría un solo minuto de duda sobre quién debe jugar? El ensayo lo hace el elenco que va a estar en el estreno. No el que estaba en cartel hace ocho años.
Raúl Rangel tiene ritmo, tiene nivel, tiene presente. Ochoa tiene historia, tiene gloria, tiene pasado. Y el pasado, por más brillante que sea, no te salva de un remate de Gonçalo Ramos al ángulo en el minuto 88.
México va a jugar un Mundial en su casa. Con toda la ilusión, la presión y la locura que eso implica. No es momento de homenajes disfrazados de convocatorias. No es momento de premiar carreras. Es momento de ganar. De competir. De ir en serio.
Y ir en serio significa una cosa: Guillermo Ochoa, con todo el respeto y el cariño que se merece, debería estar viendo este Mundial desde el sillón de su casa, como los demás ídolos retirados. No desde el banquillo de la selección esperando minutos de cortesía.
La nostalgia es cara. Y México, en su propio Mundial, no puede pagarla.